Aquellas Olimpiadas del ‘mister’ – La memoria es el camino

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por El 29 julio de 2012
El mister no tiene ni idea que ahora mismo se están celebrando los Juegos Olímpicos en Londres, aunque él defendiera en Helsinki los colores de la squadra azzurra de fútbol, de la que todavía guarda un cuerpo fornido y unas piernas propias de un defensa internacional pese a sus 80 largos años y el ataque del alemán. Por eso al mister no le ponemos cara, ni nombre, es demasiado conocido en el país transalpino y la familia quiere mantener la discrección. El mister es una institución en el Centro Arioli Dolci de Treviolo, en la provincia de Bérgamo, en donde pasa los días para tratar de frenar la enfermedad. Una institución que pasa a categoría de mito cuando va a recibir su masaje y cruza las manos sobre la nuca mostrando sus gemelos a la masajista como si estuviera en el vestuario de la Sampdoria, o del Atalanta, o de la selección italiana, alguno de los clubs en los que jugó, para posteriormente pasar a ser entrenador y más tarde comentarista televisivo. La vida del mister fue el fútbol y por eso los trabajadores de la cooperativa social Servire le siguen el juego. Forma parte de la filosofía del centro. Estudiar a fondo al paciente, todo su pasado, todas sus costumbres, todos sus hábitos, para hacerles la vida más llevadera. El mister ha perdido prácticamente la capacidad del habla y ha dejado atrás sus primeros días en el centro en el que todavía pensaba que estaba dirigiendo a once futbolistas, como recuerdan divertidas las trabajadoras del centro que tenían que escuchar de su boca el “ciccia (chavala), muévete”, cada vez que veía que alguna de as trabajadoras se paraba un solo segundo. El mister es metódico, de reglas, de orden, como tuvo que ser toda su vida deportiva. Come despacio pero sin freno, dobla la servilleta antes de robarle el flan a la psicologa del centro, comérselo entero sin prisa pero sin pausa y volver a dejar el recipiente exactamente en el mismo sitio del que lo cogió aunque, eso si, vacio. Le presentan al periodista “spagnolo” y tratamos de recordar nombres de su época. Pasamos por Di Stefano, Luis Suarez…  pero la sonrisa a su boca solo llega con Puskas. Lo ha reconocido. “Molto forti”, balbucea, mientras le vuelve la sonrisa cuando charlamos de la final del 82 con Italia como campeona, los saltos de Sandro Pertini en el palco y la batuta de Enzo Bearzot, que también fue su mister. Mientras el resto de pacientes entonan al unísono canciones populares italianas, el mister prefiere observarlos desde la distancia, agarrado a su escoba con la que limpia el jardín del Ariolo Dolci, sin participar, como observando los movimientos de sus hombres, su estrategia. Como si siguiera en el banco del Atalanta en espera de la gloria definitiva.
Fuente: lamemoriaeselcamino.com
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