La vacuna contra el alzhéimer sólo se probó en seis ratones

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raton_mazzolini3_HUA_xlargeLa comunidad científica critica la precipitación del anuncio y los representantes de pacientes lamentan que se creen vanas expectativas ante la enfermedad

La anunciada vacuna contra el alzhéimer que días atrás presentó el doctor Ramón Cacabelos, director del Centro de Investigación Biomédica Euroespes, ha generado críticas en la comunidad científica. La misma Sociedad Española de Neurología (SEN) se ha apresurado a pedir “cautela”, recordando que muchos de los fármacos que se prueban en modelos experimentales con animales, “luego no tienen viabilidad en humanos”, advierte el doctor Guillermo García Ribas, coordinador del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de esta sociedad científica, que aglutina a más de 2.500 especialistas.

Además, en este caso sólo se utilizaron 12 ratones de laboratorio para el experimento, divididos en dos grupos, por lo que únicamente se inoculó la vacuna a seis de ellos, según consta en el estudio publicado por el equipo de Cacabelos, que se puede consultar públicamente. Por añadidura, esos ratones eran transgénicos, es decir, sus genes se habían modificado previamente para que fueran portadores de las principales mutaciones responsables del Alzheimer en humanos.

“No se puede extrapolar lo que le pasa a seis ratones transgénicos a medio millón de personas que padecen la enfermedad de Alzheimer. Por eso pedimos prudencia”, dice el experto. A juicio de la SEN, es por tanto “muy prematuro” anunciar resultados positivos para esta inmunización. García Ribas subraya que, tratándose de estudios de este tipo, primero hay que demostrar que el producto en cuestión que se está investigando no produce efectos tóxicos en humanos, “y eso no está hecho todavía”.

Es más, asegura que la experiencia enseña que “muchísimos experimentos que en animales dan resultados buenos, fracasan en humanos, y por eso es nuestra cautela. No se puede intentar emular lo que le pasa a un ratón de laboratorio que sólo vive dos años con la vida humana que llega a los 80 o 90 años. Pensar que ese ratón tiene una enfermedad como el alzhéimer es complicado. Pegar el salto de ratoncitos a humanos es un largo camino que hay que seguir sin atajos”.

Para asegurar que el producto no es tóxico en humanos se hacen estudios muy regulados y a largo plazo, 10 o 12 años. “Pero el 80% de los fármacos no llega a ninguna parte y se cae en las fases preliminares”, explica García Ribas. Sin embargo, Cacabelos asegura estar en disposición de comenzar ensayos clínicos en humanos de aquí a cuatro meses.

Los científicos piden que se piense en los pacientes. “Por desgracia, ante esta enfermedad que es severa y muy discapacitante, la sociedad está deseosa de escuchar cualquier noticia esperanzadora, pero luego el chasco que se llevan es muy grande también. En definitiva, puede crear falsas expectativas en personas que piensen que estos tratamientos son válidos para ellos en el momento actual”, dice el doctor García Ribas.

A su juicio, la precipitación en el anuncio de los resultados se debe a los intereses comerciales. “Ellos hacen una patente y ahora intentan venderla. Y cuando alguien trata de vender algo, intenta vender algo bueno”, añade.

Desde el anuncio de la vacuna la pasada semana, a la Fundación Alzheimer España han llegado decenas de consultas por teléfono, email y redes sociales, de familiares y cuidadores de enfermos de Alzheimer, interesándose por la disponibilidad de este tratamiento. “Hay personas que tienen un padre enfermo desde hace 12 años o un marido diagnosticado desde hace tres meses, y llaman esperanzados. Entonces hay que explicarles que son resultados a nivel animal”, señala el doctor Jacques Selmes, secretario general de la Fundación Alzheimer España y ex presidente de Alzheimer Europe.

La organización a la que representa también discrepa del momento en el que se ha hecho el anuncio por parte del equipo del doctor Cacabelos. “¡Qué pena no ser ratones de laboratorio!”, dice sarcástico Selmes, quien recuerda que, en 15 años, ninguna sustancia contra esta enfermedad degenerativa ha superado la etapa de ensayos clínicos. “Esto es como estar delante de un bebé diciendo que va a ser el Einstein del siglo XXI”, opina. Y añade: “Hay que considerar el Alzheimer como una especie de gigantesco puzle de 100.000 piezas, de las que en este momento solo hemos colocado 15.000. Y los estudios del doctor Cacabelos son una pieza más del puzle”.

La Fundación Alzheimer España se muestra también contraria al modo en el que se ha hecho el anuncio, “bastante triunfalista y alejado de la prudencia habitual de los investigadores”, concluye el doctor Selmes. Aún no existe ningún fármaco en el mundo capaz de frenar el alzhéimer. “Ese es nuestro santo grial, la búsqueda en la que estamos”, concluye García Ribas.

Fuente: alzfae.org

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